Tiempos Dracónicos

Soundtrack de un año #7: Piano Sonata Nro. 4

Pocas palabras puedo utilizar para escribir los sucesos de ayer y hoy, y pocas canciones podrían tener la carga emocional suficiente como para describir lo que siento. He de confesar que en los últimos 50 días es probable que haya llorado más que en los últimos 19 años de mi existencia por distintas razones la gran mayoría fuera de mi control. Han sido unos meses devastadores que han reducido de forma sustancial a mi familia y a mi círculo de amigos. Quizás no tendría mucho sentido revivir toda la angustia y plasmarla en este papel digital que probablemente sea un testimonio a mi memoria cuando me siente a revisar todo lo que he visto y escuchado durante este año.

Sin embargo, haré el intento: Hoy, he visto y sentido lo que siente tener un amigo tal que sea capaz de sentirse como un hermano. Hoy he visto como las diferencias quedan a un lado cuando todos han de unirse por el bien común del bienestar emocional de uno de los integrantes. He visto como todos sencillamente estamos unidos por algo más grande que un simple interés emocional. Son este tipo de cosas que valoro y me siento afortunado de tenerlas y más que nunca las aprecio por la unión incondicional que nos ha llevado a través de los últimos 16 años con todas las altas y las bajas que un grupo de amigos pueden tener, y que se convierten en parte de la familia extendida sin necesidad de un lazo sanguíneo. Solo uno de nosotros no pudo estar, ya que físicamente se encuentra al otro lado del planeta. Y sin embargo sus palabras resonaron en el eco de nuestro grupo al sentirlo cerca sin importar la distancia. Tal es la goma que une a este grupo. No los cambiaría por nada.

Hoy ha sido un día para archivar en la memoria y tratar de aceptarlo por lo que es.

Dado que la sonata no tiene letra, me tomo la libertad de citar a una persona que le regaló a uno de nuestros amigos del grupo unas palabras para poder entender, quizás, más o menos la situación:

Lo más grande para mi, en este tiempo, más allá de entender y experimentar mi dependencia absoluta y de lo pedagógico del dolor dentro de las circunstancias es que la única forma de hacer un camino es en compañía, una compañía carnal (…). Es la única forma de poder estar frente a las circunstancias y es una gracia poder experimentarlo. No te quita el dolor humano, pero es la única forma de vivir. La única.

Y aquí estamos, dando nuestro apoyo a nuestro amigo, por que vendrán días duros, en los que nos necesitará más de lo que nos imaginos. Para lo que venga.

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