Tiempos Dracónicos

La Paciencia de un Monje

La vida es tan solo el parpadeo de una vela en el vasto océano del tiempo infinito. Mientras pasamos nuestro tiempo planificando y mirando el futuro, el tiempo sigue su paso indetenible por el espacio sideral, cambiando, expandiendo el universo en medidas que nuestra débil mente es incapaz de comprender (por ahora) nacen y mueren estrellas, ocurren colisiones estelares, civilizaciones son creadas y son destruidas, hombres nacen y mueren, las familias permanecen en el tiempo y yo solo me siento aquí a pensar en la gran cantidad de cosas que quiero hacer.

Mi mamá me recuerda todos los días que hay más tiempo que vida, y que todo regularmente tiene una razón de ser, y que efectivamente las cosas que suceden no son por casualidad si no por una razón invisible para nosotros en el presente aparente pero que se vuelve obvia en el futuro distante de nuestro pasado absoluto.

La esperanza, es la paciencia con una lámpara encendida, y mi lámpara pareciera que se alimentara de la luz del sol y las estrellas, incandescente en la oscuridad más perenne, solo espero. Aunque a veces la espera haga daño, desespere los corazones, y nos haga ser irracionales y bastante ilógicos. Aunque a veces tan solo queremos que eso que deseamos ocurra lo más pronto posible para empezar la siguiente gran empresa. Ese ímpetu de apuro a veces nos lleva por el camino de la amargura, a tomar decisiones erradas, a buscar aquello que no está perdido.

Hay días que mi paciencia devanea, y mis debilidades toman la mejor parte de mi, y no logro concentrarme en nada, excepto en la lenta espera que el mundo me hace tener en virtud de mis metas. Es quizás en este punto donde debo regresar a tener la paciencia de un monje, y simplemente sentarme y esperar para poder moverme.

Tener paciencia es una habilidad adquirida, es una virtud que se cosecha todos los días, como solía decirme una gran amiga a quien quiero mucho, que incidentalmente se lo decía a sus púpilos todos los días. Hoy, unos cuantos años después me doy cuenta de cómo mi paz interior ha aumentado de forma exponencial con la paciencia de un monje tibetano, esperando y planificando, el momento perfecto no existe, solo existen ventanas de oportunidades que podemos tomar o dejarlas pasar. Si las tomamos y todo sale bien, pues todo sale bien. Si todo sale mal, no tenemos nada de que arrepentirnos, hicimos nuestro mejor esfuerzo (aunque a veces pareciera que no fuese suficiente)

Ahora si dejamos pasar la ventana de oportunidad por miedo, por dudas, existe una posibilidad bastante alta de que esa oportunidad no exista una segunda vez, ni remotamente parecida. Y entonces sí habrá todo el espacio para arrepentirse de no haber tomado el destino en nuestras propias manos.

“Ten paciencia, esa virtud que se cosecha todos los días.”

 

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