Tiempos Dracónicos

Una Taza de Café

Barba Roja

No soy bucanero, mucho menos un pirata sanguinario en la era del conocimiento, ¿Canas rojas? ¿Dónde se ha visto?

Últimamente mi universo se rearma y empieza nuevamente a reorganizarse alrededor de estrellas diferentes, su campo magnético cambia mi órbita ligeramente, no tanto que rompan mi ecosistema totalmente pero si lo suficiente como para notar la diferencia sin tener que medirla científicamente.

Francamente siento algo de temor, a veces no tengo idea a dónde me terminan llevando estos cambios tan bruscos de atmósfera, se que no son mortales, pero sí son drásticos, violentos y a veces, hasta deseados y necesarios.

Hoy nuevamente Compostela, un plan realizable, ligeros cambios, nuevo ADN (posiblemente), una oportunidad de oro (o plata según guste) y ese temor emocional nuevamente, de nuevo presente, ahogando todo pensamiento con su ruido silencioso. ¿O más bien soy yo quien necesita silencio para entender?

Pero hay algo más, es esa pulsación continua del miocardio, lenta pero constante, cada vez que enmudece mis pensamientos con su paso recatado, siento ese temor inexplicable, ese vacío en el estómago, una sensación de incomodidad que no tiene fin. Mucha gente lo define como mariposas, esto no pueden ser mariposas, las mariposas son lentas, vuelan casi con una ligereza grácil y aletean sus alas sin apuro alguno, van planeando lentamente sobre el viento tormentoso de la ciudad sin inmutarse demasiado. En mi cabeza no pueden haber mariposas, en mi subconsciente hay, como dice Tom Mater: “un huracán en un parque de remolques”, algo violento ruidoso e indetenible, un torbellino de ideas que arrasan todo a su paso creando un voragine caótico a su alrededor.

¿Razones? tantas como para destilarlas en un solo sitio y que tenga sentido tanto para ustedes como para mi. Aunque para mi sea una sola indescriptible. Sin embargo debo admitir que aunque vivo sumido en el desorden permanente de una ciudad como Santiago de León de Caracas, cuando ese desorden se muda a mi centro de comando y órdenes de tareas diarias siento temor, el mismo que les comentaba antes. No me malinterpreten, no es miedo a ejecutar las acciones pertinentes, es otro tipo de temor.

Como Informático, como Ingeniero, como Arquitecto hay poco que pueda suceder en mi día a día que no esté perfectamente planificado en un plan de acción con todas las posibles variables tomadas en cuenta. Hasta que interviene la única variable que nunca se toma en cuenta y es capaz de alterar todas las demás, la única con libre albedrío, la única que se mueve sin un patrón fijo cuantificable, aquella que desafía todas las leyes de la física, la termodinámica y las matemáticas conocidas y cuánticas:

Ella.

Hay que organizar el caos, y por lo menos etiquetar las ideas para luego catalogarlas cuando el revuelo pase

¿Por dónde empezar? Quizá por una taza de café en un día lluvioso.

 

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